Hay cosas que nadie te cuenta antes de ser madre.
Te hablan del amor, del vínculo y de lo maravilloso que será todo.
Pero casi nadie te habla de lo que pasa cuando nace tu bebé y tú sientes que te estás apagando.
Después de mi primer embarazo atravesé una depresión posparto muy profunda.
Recuerdo mirar a mi hija y quererla con toda mi alma.
Y al mismo tiempo sentirme perdida.
Lloraba sin entender por qué.
No me reconocía.
Pensaba que algo estaba mal en mí.
Y, sobre todo, me sentía muy sola.
Porque cuando acabas de ser madre parece que no tienes permiso para decir que estás mal.
Parece que tienes que estar feliz.
Agradecida.
Plena.
Y si no lo estás, la culpa aparece enseguida.
Con los años también he entendido algo más.
La maternidad no debería ser una carga que una mujer tenga que sostener sola.
Una maternidad es cosa de dos.
Cuando una madre se está hundiendo, no necesita que le recuerden todo lo que tiene que hacer.
Necesita que alguien la sostenga.
Necesita ayuda.
Necesita descanso.
Necesita sentirse acompañada.
Necesita que alguien vea su dolor aunque ella no sea capaz de explicarlo.
Yo no necesitaba que me dijeran que era fuerte.
Necesitaba poder derrumbarme sin sentir que estaba fallando.
Porque la depresión posparto no es debilidad.
No es falta de amor.
No es ser mala madre.
Es sufrimiento.
Y sufrir mientras todo el mundo espera verte feliz es una de las formas más solitarias de dolor que he conocido.
Por eso escribo esto.
Porque si hoy estás leyendo estas palabras mientras te preguntas qué te pasa, quiero que sepas algo:
No estás sola.
No estás rota.
No estás fallando.
Y no tienes por qué poder con todo.
Pedir ayuda también es una forma de amor.
Habrá días en los que no veas la salida.
Habrá días en los que sientas que has perdido a la mujer que eras antes de ser madre.
Pero quiero que recuerdes algo:
La mujer que crees haber perdido sigue ahí. Esperándote.
Y volverás a encontrarla.
Poco a poco.
Sin prisa.
Sin culpa.
Madre. Mujer. Tú. Siempre.
Un aviso importante. MamiYouCan es un espacio de acompañamiento y reflexión basado en mi experiencia personal. No sustituye el apoyo de profesionales de la salud mental, jurídicos o sanitarios cuando sea necesario.
Pedir ayuda también es una forma de valentía.